El
acoso escolar (también muy conocido por el término Bullying) es,
básicamente, cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o
físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un
tiempo determinado. Esto puede ocurrir tanto en el aula, como a
través de las redes sociales (el denominado ciberacoso /
ciberbullying).
Estos
actos son llevados a cabo por el Bully: el acosador o grupo de
acosadores. El objetivo de estos es someter a su víctima y hacerle
sentir miedo, ya sea para obtener
algún resultado favorable para ellos mismos o simplemente a
satisfacer su necesidad de agresión y destrucción.
Por
lo tanto, en el Bullying existe un abuso
de poder (desequilibrio), los
hechos se repiten a lo largo del
tiempo y hay
intencionalidad por parte del agresor o agresores.
Más
características del Bullying:
Es
un fenómeno de grupo,
no un problema individual. El acoso aunque
sea ocasionado por un único agresor existen los
denominados observadores que pueden llegar a convertirse en
hostigadores secundarios, por lo que en mayor o menor medida todos
los que saben sobre dicho acoso y no hacen nada por remediarlo son
también culpables.
No
se trata de conductas organizadas o espontáneas donde se busca el
mal mutuo, ni actos de vandalismo que se pueden manifestar
abiertamente en el entorno escolar. El acoso escolar es
un tipo de violencia insidiosa, es decir, las acciones por parte del
bando agresor contienen un engaño oculto o disimulado con el
fin de perjudicar a la víctima sin que el maltrato se haga público.
No
es un conflicto entre dos partes con intereses contrapuestos, es
un proceso
de victimización que va
formándose lentamente en
el día a día de las relaciones interpersonales.
Es
difícil de identificar ya que en los inicios suele ser poco evidente
y puede mantenerse oculto a los adultos. Este es el principal
problema en estos casos. Al ser una violencia camuflada, silenciosa
(muchas veces de forma indirecta, sobretodo en los inicios) y
normalmente en el aula o lugares donde no haya mucho público, los
adultos no suelen percatarse de la situación. A eso se le añade el
hecho de que el perjudicado normalmente no manifiesta lo sucedido y
se empeñan en no decir absolutamente nada. Eso es debido al perfil
que, a rasgos generales, caracteriza a las víctimas (de lo cual
profundizaremos en la correspondiente entrada).
Supone
una vulneración de los derechos
fundamentales del alumno: derecho a no estar
sometido a la humillación intencional y repetida y a estar seguro en
la escuela. Una de las obligaciones de las escuelas es poner
medidas de prevención ante situaciones de acoso o ciberacoso, ya que
el encontrarse en un ambiente escolar seguro es uno de los requisitos
mínimos de los que todo alumno ha de contar.Cuando se quebranta esos
derechos, el alumno victimizado se sentirá vulnerable y abandonado a
su suerte por parte de los docentes. Eso conllevará a que el alumno
tenga aun menos intenciones de hacer saber a los adultos la situación
por la cual está pasando.
En
conclusión, estas situaciones de acoso, intimidación o
victimización son aquellas en la que un alumno o alumna
está expuesto, de forma repetida y durante un
período de tiempo, a acciones negativas que
llevan a cabo otros compañeros.
Por
acciones negativas entendemos tanto las agresiones verbales o
físicas, como las psicológicas de exclusión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario